Hambre versus apetito



Comí hace pocos días con Andrea, quien pese a algunos maltratos que las finanzas le prodigan, y a ser como el hombre de negocios del planeta que visita el Principito, que siempre está ocupado, se las ingenia para pasársela de manera decorosa, lo cual básicamente consiste en comer y beber bien.

En comer como “señorito”, podría decirse, darse un espacio para estar en un sitio agradable, sin padecer los rigores de la prisa, tan característicos, por ejemplo, en el día a día, o peor, cuando uno viaja “mochila al hombro” y para aprovechar al máximo las horas es capaz de despacharse dos piezas de pan que aprisionan casi siempre un contenido sospechoso con una bebida gaseosa. ¿El frenesí de desplazarse y ver cosas realmente es viajar con intensidad?

En cambio se puede privilegiar la charla de modo que el tiempo no establezca plazos, sino que sea un aliado. De consentirse, pues y todavía darse la oportunidad de debatir sobre el hambre y el apetito.

Para un sibarita no despeinarse tiene su ciencia y una de las situaciones más problemáticas es tener hambre. Andrea piensa que el comensal puede adaptarse a todo, yo sostengo que hay valores, el hambre es una necesidad y se padece, cualquier alimento en un caso así es bienvenido. El apetito es otra cosa, ese se crea, se prepara. El alimento no es un adversario del que deba prescindirse en un santiamén, un enemigo incómodo que debe ocultarse; debería ser a un tiempo una presa que se persigue y un cómplice.

Hay diversos platillos que desde su nombre anuncian su vocación, un caso notable es el “arroz del señorito”, que sirven en la costa mediterránea de España, consiste en que el pescado y los mariscos ya están limpios y pelados desde un principio; un tenedor es más que suficiente para entablar combate.

Es justo el que se ve en la foto de arriba, parece pedir al comensal que porte sus mejores galas para dar inicio a la ceremonia.

2 comentarios :: Hambre versus apetito

  1. Que ganas de un arroz que, además me va... por lo de señorito (no te rías) ...y sí, hambre no igual que apetito, lástima que ya en contienda, el hambre sea una rival imposible de vencer... si no, no estaría el colesterol como está en todo el país. Te abrazo y me abrazo con el tufillo que se desprende desde el fondo de esa fotografía.

  2. Yo... tengo un apetito hambriento.